El Martin Fierro y la corrupción

José Hernández, que además de poeta y periodista era un sagaz político y crítico bien informado, nos detalla un hecho que un estudioso del “Martín Fierro” tipificó alguna vez como “el primer cohecho en la literatura argentina…”. De allí extraemos:

“….decían que estaban de acuerdo // la bruja y el proveedor //…
…. le entregaba la mitá // y esto lo hacía del modo //
Como lo hace el hombre vivo // firmando luego el recibo //
Ya se sabe por el todo”.

Queremos destacar con este recuerdo del poeta gaucho, que siempre estuvo presente el tema de la corrupción en las compras del Estado, y por supuesto también los esfuerzos desde distintos ángulos para impedirla o por lo menos limitarla a su mínima expresión. No obstante, debemos tener en cuenta que en general el tema de la ética y la moral social, tienen que ver con el momento histórico en el cual se vive. Así es, que cuando surgen corruptelas que rodean por ejemplo a los médicos, a los periodistas, a los políticos, a los deportistas, etc. sin ninguna duda las compras del Estado también están involucradas, incluyendo en ella la relación perversa entre el proveedor y la administración para defraudar el interés público. Como siempre en estos tipos de hechos, la corrección y la transparencia serán la mayoría, … pero la minoría… los corruptos, son los que trascienden.

Habrá una variada técnica de engaño en las compras oscuras, además de la que nos enseña Hernández, se pagarán por ejemplo precios considerablemente más altos para destinar sus diferencias a las prebendas respectivas o directamente se tratará de una simple compra fraudulenta simulando mercadería. En estos sistemas puros o interrelacionados, se necesitará fundamentalmente que la compra sea de conocimiento de unos pocos, y en lo posible que se pueda agregar competencia inexistente con empresas fantasmas. De esta manera, no habrá quién pierda la licitación, tendremos sólo al ganador (arreglado con la bruja). Esto es así, porque ni el oferente triunfador ni el Estado son buenos contralores de la transparencia de las licitaciones. Lo es sí, y en forma despiadada, “el que perdió” o el que no pudo intervenir. Por otra parte, y hablando de los enemigos del corrupto, la publicidad también es la que más arreglos destruye y cuya falta es más difícil probar. Por último, como la UAPE, cámara que nuclea a los proveedores, no tiene razón de ser para los que “arreglan”, y sólo existe si hay mucha competencia y por ende muchos socios, también se convierte en un instrumento que fomenta la transparencia.

Debemos dar por sentado entonces, que la corrupción en las compra del Estado existe y que no es un fenómeno aislado, sino el resultado de un estado de cosas inmersas en la situación moral del conjunto de la sociedad. Teniendo en claro este aspecto, podemos mejorar los esfuerzos, como dijimos más arriba, para limitar a su mínima expresión esta lacra, en la convicción de una lucha mayor por la ética y la justicia… sin lo cual el tema será seguramente estéril.

LOS INSTRUMENTOS:

El objetivo instrumental de la lucha por la transparencia en la compra estatal, tendrá como eje “el autocontrol” que surge de la competencia, para lo cual debe contarse con una buena publicidad y también un eficiente registro de proveedores.

Además de cumplir con el principio republicano de gobierno, en el sentido que los actos que realicen los funcionarios deben ser conocidos por sus habitantes, la divulgación de las necesidades de compras del Estado cumple con la doble función de aumentar la puja de proveedores, atento a que mientras más oferentes tenga una licitación, mejores precios pagará el Estado, y por la otra crear el hecho público de la apertura y comparativa de precios, en que los concurrentes podrán asentar observaciones, tomar vista del expediente, impugnar, etc. En otras palabras, podemos aseverar que la publicidad desata una serie de situaciones que tienden naturalmente a la transparencia. En la jerga diaria de los proveedores, se dice “…el que gana entrega y el que pierde controla…”. Por ello, nos preguntamos: ¿Cómo controla? Y la respuesta es simple “impugnando”.

Entonces tenemos buenos instrumentos a saber: la publicidad, la impugnación, el registro, la apertura… todos ellos actuando mancomunadamente para llegar al sueño de la buena compra, de la transparencia, de la ética.

Sin embargo, existe un largo camino en la lucha para que estos instrumentos funcionen adecuadamente, y también esfuerzos denodados de funcionarios para eliminarlos, como por ejemplo: en la órbita del Estado Nacional en el año 1999 se firmó el Decreto 1547/99, por medio del cual se intentó eliminar la publicidad para toda compra menor de 700 mil dólares. Otro ejemplo: el Decreto 754/08 del GCBA aranceló las impugnaciones para que los proveedores no pudieran usar ese recurso. Más aún: desde el año 1956 en que se promulgó la Ley de Contabilidad, en dos oportunidades se eliminó el Registro de Proveedores (la última vez por Decreto 826/88). En todos los casos importantes sectores por la transparencia enfrentaron estas maniobras y en algunos casos lograron retornar a su vigencia, pero igual sus resultados aún se sufren. En el GCBA, existe el famoso arancelamiento de las impugnaciones y sus funcionarios están aferrados a él como si fuera su logro más preciado. Los esfuerzos diarios de UAPE para publicitar las licitaciones, y en algunos contados casos de las reparticiones para demorarlas, esconderlas, perderlas, etc. es una muestra palpable de ese combate. Por su parte, los tradicionales proveedores se ven marginados cada vez más por una práctica desleal o la desigualdad de los oferentes en las licitaciones y la eliminación de la competencia. La carencia de un sistema adecuado de control, y esta serie de corruptelas para desactivar “los instrumentos”, nos lleva a definir como crítico el sistema de compras estatales. “La bruja vuelve a estar de acuerdo con el proveedor”.

Pero a pesar de todo, y por suerte, en los últimos tiempos han surgido una serie de movimientos internacionales que rescatan la moral en la gestión pública. Es por ello, que somos optimistas en ese derrotero, esperando que una verdadera reforma ética sea el punto de partida para una nueva conducta en Argentina.

Y con respecto a las compras del Estado, afirmamos que se debe utilizar a ultranza los instrumentos que disponemos, potenciados ahora por la informática, por las compras electrónicas, etc. de manera de lograr así una total transparencia en la gestión del procedimiento licitatorio.

Daniel Argüello